¡Es posible una ciudadania hispana entre España y Latinoamerica?

¿Un “ciudadano hispano”? La propuesta que busca repensar el vínculo entre España e Hispanoamérica

España e Hispanoamérica comparten algo que va mucho más allá de un idioma. A ambos lados del Atlántico existe una red de vínculos históricos, culturales y familiares que se mantiene viva desde hace siglos. Basta viajar de un lado a otro para percibirlo: las costumbres, el humor, la forma de hablar o incluso ciertos códigos sociales resultan sorprendentemente familiares.

Sin embargo, desde el punto de vista jurídico, esa cercanía cultural no siempre se refleja en las leyes migratorias. Hoy un ciudadano argentino, mexicano o colombiano que llega a España sigue siendo, en términos legales, un extranjero más, con las mismas condiciones que cualquier otro ciudadano de un país no perteneciente a la Unión Europea.

A partir de esta realidad surge una pregunta interesante: ¿podría existir un estatus jurídico que reconozca ese vínculo histórico entre España y los países hispanohablantes?

Esa es la idea que plantea Jesús Legaza Ruiz de Peralta, licenciado en Administración de Empresas, consultor empresarial y en migración, gestor de ciudadanías europeas y comprometido con la causa de la hispanidad. Legaza también desarrolla y difunde esta propuesta a través de su canal de YouTube Ciudadano Hispano, donde explica su visión sobre los vínculos históricos y culturales que unen a los países del mundo hispanohablante.

En el marco de un proceso de participación ciudadana vinculado a la normativa migratoria española, Legaza registró una sugerencia en la que propone la creación de un “Régimen de Ciudadano Hispano”.

Una idea basada en los vínculos culturales

La propuesta parte de una observación sencilla: existen en el mundo más de veinte países que comparten lengua, historia y una base cultural común heredada de siglos de relación. A pesar de ello, jurídicamente se tratan entre sí como estados completamente ajenos.

En la práctica, esto significa que un ciudadano de un país hispanoamericano puede sentirse culturalmente cercano a España —o viceversa—, pero en términos legales su situación no difiere demasiado de la de cualquier otro extranjero.

Según plantea Legaza, si dentro del sistema jurídico español existe un régimen especial para los ciudadanos de la Unión Europea —basado en acuerdos políticos y jurídicos—, podría pensarse también en un régimen específico que reconozca el vínculo cultural entre los países del mundo hispano.

De esta forma, el sistema migratorio español podría contemplar tres grandes categorías:

  • el régimen general de extranjería,
  • el régimen comunitario para ciudadanos de la Unión Europea,
  • y un eventual régimen de ciudadano hispano para ciudadanos de países con los que España comparte lengua y tradición histórica.

Cómo funcionan hoy los regímenes migratorios en España

En la actualidad, la legislación española distingue principalmente entre ciudadanos nacionales y ciudadanos extranjeros. Dentro de estos últimos, existe una diferencia importante entre los ciudadanos de la Unión Europea —que pueden residir y trabajar en España con pocas restricciones— y los ciudadanos de terceros países, que deben cumplir distintos requisitos administrativos para establecerse legalmente.

Actualmente, los ciudadanos de muchos países de Iberoamérica pueden solicitar la nacionalidad española por residencia tras dos años de residencia legal, un plazo considerablemente más corto que el exigido a ciudadanos de otros países.

Este punto refleja que, de alguna manera, la legislación española ya reconoce ciertos vínculos históricos con el mundo iberoamericano, aunque la propuesta de un régimen de ciudadano hispano iría un paso más allá.

¿Existen modelos similares en otras regiones del mundo?

La idea de facilitar la movilidad entre países con vínculos regionales no es nueva. En Europa, por ejemplo, la Unión Europea permite que los ciudadanos de los estados miembros puedan vivir y trabajar libremente en otros países de la comunidad.

En América del Sur, el Mercosur también ofrece mecanismos que facilitan la residencia entre los países miembros y asociados.

En ese contexto, la propuesta de una ciudadanía hispana se apoyaría en un elemento diferente: no tanto un acuerdo económico o político, sino un tronco cultural común basado en la historia compartida y en la lengua.

Una comunidad cultural compartida a ambos lados del Atlántico

Más allá de las diferencias entre países, hay algo difícil de negar: los ciudadanos de España y de Hispanoamérica suelen moverse en un espacio cultural muy cercano.

Un español que viaja a México, Argentina o Uruguay suele sentirse rápidamente integrado en la vida cotidiana. Lo mismo ocurre con muchos latinoamericanos que llegan a España. El idioma compartido facilita la adaptación, y muchas tradiciones o referencias culturales resultan familiares.

Desde esa perspectiva, la idea de una ciudadanía hispana buscaría reconocer institucionalmente una realidad que, en la práctica, ya existe en la vida social.

Entre la propuesta política y el símbolo

Además de registrar esta sugerencia dentro del proceso de participación ciudadana, Legaza también impulsó una iniciativa simbólica vinculada a la idea de la hispanidad: un carnet de “ciudadano hispano”.

Este documento no tiene valor legal ni institucional. Su intención es más bien representar simbólicamente la pertenencia a una comunidad cultural compartida entre personas de distintos países hispanohablantes.

Según plantea su impulsor, este tipo de iniciativas podrían servir para visibilizar la existencia de ese espacio cultural común y fomentar redes de colaboración entre ciudadanos de ambos lados del Atlántico.

¿Utopía o posibilidad futura?

Por supuesto, una propuesta de este tipo plantea muchos interrogantes. Las políticas migratorias son complejas y están atravesadas por cuestiones jurídicas, económicas y políticas que difícilmente puedan resolverse únicamente desde la dimensión cultural.

Sin embargo, la idea abre un debate interesante: hasta qué punto las leyes deberían reflejar no solo acuerdos políticos entre estados, sino también las realidades culturales que conectan a distintas sociedades.

La comunidad hispanohablante constituye uno de los espacios lingüísticos y culturales más grandes del mundo. Quizás la pregunta que queda abierta es si, en el futuro, ese vínculo podría traducirse también en nuevas formas de cooperación o movilidad entre países que comparten una historia y una lengua.

Al mismo tiempo, como ocurre con muchas iniciativas, su desarrollo también depende en gran medida de la visibilidad y el apoyo que pueda recibir por parte de la sociedad. La difusión de ideas, el debate público o incluso la firma de peticiones ciudadanas que circulan en redes y espacios digitales pueden contribuir a que propuestas como esta lleguen a formar parte de la conversación pública.

En ese sentido, quienes sientan afinidad con esta idea también pueden sumarse de manera simbólica solicitando su carnet digital de Ciudadano Hispano, una iniciativa cultural que busca visibilizar ese vínculo entre los países del mundo hispanohablante. El carnet es gratuito y puede solicitarse escribiendo a contacto@genealogiaviejra.com

Quizás las leyes tarden en reconocerlo, pero el vínculo entre Hispanoamérica y España existe desde hace siglos y sigue vivo cada día en la lengua, la cultura y la memoria compartida de quienes habitan ambas orillas del Atlántico

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