Una de las mejores sorpresas de mi viaje por el norte de España.
Hasta este viaje, las residencias universitarias no estaban en mi radar como opción de alojamiento turístico. Las asociaba exclusivamente a estudiantes. Sin embargo, viajando por España en pleno verano, descubrí que muchas se alquilan al público general, sin necesidad de ser estudiante, cuando no hay clases y que pueden ser una alternativa excelente para ciertos tipos de viaje.
Más económicas que los hoteles y, en muchos casos, más prácticas que los departamentos, las residencias universitarias resultan ideales para viajes largos, trabajo remoto o incluso para viajar en familia. Habitaciones privadas, buen wifi, espacios cómodos para trabajar y, en algunos casos, amenities como gimnasio o salas comunes, hacen que la experiencia sea sorprendentemente buena.
En este post te cuento cómo funcionan, para quiénes las recomiendo y mi experiencia concreta alojándome en residencias universitarias en Bilbao y Ourense, dos ciudades muy distintas pero con propuestas igualmente interesantes.
Bilbao – Minicampus San Mamés Students Residence
Fui un fin de semana a Bilbao porque tenía que tomar un vuelo hacia Santiago de Compostela y aproveché para conocer la ciudad. Me alojé en el Minicampus San Mamés Students Residence, que reservé por Booking.
Está en un barrio moderno, muy bien conectado y a pocos metros de la terminal Intermodal. La ubicación es excelente para moverse tanto en transporte público como a pie.
El alojamiento
Mi habitación era un monoambiente nuevo y muy cómodo, con baño privado, escritorio grande, wifi rapidísimo y un aire acondicionado potente, algo fundamental porque Bilbao fue una de las ciudades más calurosas del viaje.

La cocina tenía placa de inducción, heladera y microondas, aunque sin utensilios ni cafetera.

El tema de las infusiones lo resolví comprando una jarrita y una taza en un bazar cercano, algo simple, chico y fácil de llevar después.

Para las comidas, el supermercado Mercadona, que estaba a pocas cuadras, fue clave por la variedad de platos listos para llevar.
El baño moderno, impecable y muy bien mantenido, un detalle que suma mucho en estadías largas.

Ubicación y conectividad
Uno de los grandes puntos a favor de esta residencia es su ubicación estratégica. Está a pocos minutos caminando de la estación intermodal de San Mamés, donde confluyen metro, trenes y autobuses urbanos y regionales, lo que permite moverse fácilmente por Bilbao y alrededores sin necesidad de taxi.
El barrio es moderno y muy activo. A pocas cuadras se encuentra el Estadio San Mamés, y desde allí se llega al centro histórico en unos 10–15 minutos en metro. También es una base práctica para ir hacia la costa: yo, con poco tiempo, fui en subte a la Playa de Las Arenas, una de las más cercanas y accesibles desde la ciudad.

El metro de Bilbao es simple de usar, frecuente y bien señalizado, ideal incluso para estadías cortas.

Como primera experiencia en residencias universitarias, Bilbao fue una muy buena sorpresa y me dejó con ganas de probar esta alternativa en estadías más largas, como la que hice después en Ourense.
Si estás planeando una viaje a Bilbao y te interesó esta opción podes fijarte en este enlace
Ourense – Residencia Universitaria Resa As Burgas

Si en Bilbao probé las residencias universitarias en una estadía corta, en Ourense confirmé que pueden ser una opción excelente para hacer base durante varios días.
Me alojé seis noches en la Residencia Universitaria Resa As Burgas, pagando 335 euros en total (unos 55 euros por noche), un precio difícil de igualar en pleno verano. Antes de la llegada tuve que asociarme a una red de albergues estudiantiles mediante una membresía anual muy económica (4 euros), un trámite simple que permite acceder a este tipo de alojamientos incluso sin ser estudiante.
El Alojamiento
Reservé una habitación superior principalmente por el aire acondicionado —hay opciones más económicas sin él— y, al estar pensada para dos personas, viajando sola estuve comodísima: dos camas, dos placards, dos heladeras y un escritorio enorme donde pude trabajar tanto en el máster como en el blog.
El wifi funcionaba muy bien y tenía un gran ventanal con vistas abiertas a la ciudad y la montaña. Para mí, la luz natural y las buenas vistas son parte fundamental del disfrute de la estadía.

A diferencia de la residencia de Bilbao, aquí había algunos utensilios de cocina y un poco más de menaje, además de microondas, lo que facilitó mucho la organización diaria. Para estadías largas, esos pequeños detalles hacen la diferencia.
No saqué fotos pero hice un videito con todos los detalles que les dejos acá por si quieren verlo:
Si estás planeando una viaje a Ourense y te interesó esta opción podes fijarte en este enlace
Ubicación y conectividad
La ubicación también resultó práctica: estaba a unos 20 minutos caminando del centro histórico y de la estación Intermodal.
En ese recorrido pasaba por lugares emblemáticos como el Puente Romano de Ourense sobre el río Miño, y muy cerca se encuentran las As Burgas, las famosas termas que le dan nombre a la residencia.
Tener estos puntos tan característicos a distancia caminable hacía que, incluso en días de trámites, siempre hubiese algo lindo para ver o disfrutar sin necesidad de transporte.
Esa semana la usé como base para moverme a distintos pueblos de la provincia, por lo que muchas veces salía temprano rumbo a la estación. Cuando necesitaba taxi, desde la recepción me ayudaban a pedirlo sin problema.
Otro gran plus fue tener supermercados muy cerca —entre ellos mi querido Mercadona— y un lavadero autoservice a pocos metros, algo ideal cuando ya llevás varias semanas de viaje.
Más allá de amenities como gimnasio o sala de juegos, lo que más valoro es la sensación que me dejó: durante casi una semana me sentí como una local, con espacio para trabajar, cocinar algo simple y organizarme con tranquilidad. Para viajes largos, trabajo remoto o trámites que requieren varios días en la misma ciudad, esta opción me parece difícil de superar en relación precio–comodidad.
Si queres chequear la disponibilidad de este alojamiento poder hacer click acá
Conclusión
Si algo me dejó este viaje es que las residencias universitarias son una alternativa mucho más interesante de lo que imaginaba. No hace falta ser estudiante ni tener veinte años: durante el verano, muchas abren sus puertas al público general y funcionan como alojamientos completamente válidos para cualquier viajero.
Habitaciones privadas, buena conexión a internet, espacios cómodos para trabajar, cocina básica, amenities como gimnasio o salas comunes y, sobre todo, precios muy competitivos en plena temporada alta, hacen que sean una opción muy atractiva.
En mi caso, pagué aproximadamente entre 55 y 75 euros por noche en pleno agosto, en ciudades donde un hotel similar podía costar bastante más. Y todo eso sin resignar comodidad ni privacidad.
Hoy las recomiendo especialmente para viajes largos, trabajo remoto o para quienes necesitan hacer base varios días en la misma ciudad. Si estás organizando un viaje por España en verano, vale la pena tenerlas en el radar.




