La mayoría de quienes visitan Cinque Terre eligen alojarse en alguno de sus cinco pueblos o en La Spezia. En mi caso decidí hacer algo diferente: tomar Génova como base para recorrer esta parte de la costa de Liguria.
En ese momento buscaba una ciudad con buenas conexiones en tren, alojamiento más económico y la posibilidad de combinar las excursiones con un destino que también tuviera mucho para ofrecer. La decisión terminó siendo un acierto. Además de servirme como punto de partida para conocer Cinque Terre, descubrí una ciudad con un centro histórico fascinante, un puerto lleno de historia, un paseo costero ideal para caminar y un pequeño barrio de pescadores que terminó convirtiéndose en uno de mis lugares favoritos del viaje.
¿Por qué elegí Génova?
Cuando empecé a organizar el viaje comparé varias opciones para alojarme. Como suele pasar en temporada, los precios dentro de Cinque Terre eran bastante más altos y La Spezia tampoco terminaba de convencerme.
Génova, en cambio, tenía varias ventajas. Encontré un alojamiento a un precio mucho más conveniente, las conexiones ferroviarias eran excelentes y, además, me daba la posibilidad de conocer una ciudad con identidad propia, en lugar de limitarme a usarla únicamente para dormir.

También había otro motivo. Génova es uno de los principales nodos de transporte del norte de Italia, por lo que suele aparecer en el itinerario de muchos viajeros. Años antes había pasado por la ciudad en un FlixBus desde la Costa Azul rumbo a Milán y, como suele suceder, seguí viaje sin detenerme. Sin embargo, siempre me quedó la duda de si realmente valía la pena conocerla o si era simplemente un lugar de paso. Las Cinque Terre terminaron siendo la excusa perfecta para averiguarlo.
Además, para mí Génova tenía un significado especial. Desde este puerto partieron miles de inmigrantes italianos rumbo a la Argentina, muchos de los cuales se establecieron en el barrio de La Boca. De hecho, el apodo «xeneize», con el que se conoce a los hinchas de Boca Juniors, proviene del dialecto ligur: zeneize significa justamente «genovés». Mi propio bisabuelo emigró desde aquí en 1897 a bordo del Duchessa di Genova, un dato que muchos años después pude reconstruir gracias al buscador del CEMLA y que cuento con más detalle en otro artículo del blog.
Al final, esa combinación entre practicidad y ganas de descubrir un lugar nuevo hizo que terminara eligiéndola.
Mi primera impresión de Génova
Mi alojamiento estaba ubicado sobre la calle Vico del Duca, en pleno centro histórico. Apenas salía a caminar ya estaba inmersa en los famosos caruggi, el nombre con el que se conocen las estrechas callejuelas medievales que caracterizan a Génova.

Me gustó esa mezcla de fachadas coloridas, antiguos palacios, patios y rincones con siglos de historia, comercios tradicionales, ropa tendida entre los edificios, bares y vecinos haciendo su vida cotidiana. No sentí que fuera un centro histórico preparado únicamente para el turismo, sino un lugar donde la ciudad sigue viviendo como lo hizo durante siglos.

Uno de los mayores atractivos de recorrer esta zona es justamente perderse sin mirar demasiado el mapa. En cada esquina aparecía algún edificio histórico, una plaza, una fuente o un rincón que invitaba a detenerse unos minutos antes de seguir caminando.
Muchos de esos edificios pertenecen a los Palazzi dei Rolli, antiguas residencias de las familias nobles de la República de Génova que se utilizaban para alojar a visitantes ilustres. Hoy forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y varios de ellos pueden visitarse.
Uno de los Palazzi dei Rolli que tuve la oportunidad de conocer fue el Palazzo Nicolosio Lomellino, sobre la Via Garibaldi. Primero me detuve a fotografiar su elegante entrada y, casi por curiosidad, terminé recorriendo el patio interior.

Sus patios con techos abovedados, los frescos y las lámparas colgantes hacen que valga la pena asomarse.
Al fondo se encuentra además un hermoso ninfeo, una fuente monumental decorada con esculturas que completa uno de los espacios más lindos del palacio. En mi caso, la puerta estaba abierta y decidí pasar.

Es una de las cosas que me gustaron de Génova: mientras caminás por el centro histórico podés encontrarte con lugares como este.
El Porto Antico de Génova

Uno de los paseos que más disfruté fue el Porto Antico, una zona que combina la historia marítima de Génova con espacios para caminar, restaurantes y distintas atracciones.
Mientras recorría el puerto me encontré con el imponente galeón Neptune, una réplica construida para una película de piratas que hoy puede visitarse.

Muy cerca también se encuentra el Galata Museo del Mare, considerado el museo marítimo más importante de Italia.
El Porto Antico también alberga el Acuario de Génova, el más grande de Italia y uno de los más importantes de Europa. Fue inaugurado en 1992 como parte de la renovación del puerto impulsada por el arquitecto Renzo Piano y suele ser una de las visitas más recomendadas, especialmente para quienes disfrutan de los acuarios y la vida marina, viajan con chicos o disponen de más tiempo en la ciudad. En esta misma zona también se encuentran la Biosfera, una esfera de cristal que recrea un pequeño ecosistema tropical, y el Bigo, un ascensor panorámico inspirado en las antiguas grúas portuarias desde el que se obtienen muy buenas vistas del puerto y de Génova.

Mi idea era subir al Neptune, pero ese día había tanta gente haciendo fila que decidí dejarlo para otra oportunidad y seguir recorriendo la zona. A veces pasa eso cuando viajamos: no siempre se puede hacer todo, y tampoco está mal.

Además del movimiento de embarcaciones y turistas, me llamó la atención un mercado cercano donde se vendían pescados, mariscos y otros productos frescos. Siempre que viajo me gusta prestar atención a esos pequeños detalles de la vida cotidiana. Creo que también son una forma de conocer un lugar.
Boccadasse, el rincón marinero de Génova y el paseo marítimo de Corso Italia
Otro día decidí conocer Boccadasse, un antiguo barrio de pescadores ubicado a pocos kilómetros del centro de Génova.
Si soy sincera, conocí la existencia de Boccadasse gracias a El comisario Montalbano. En la serie se menciona que Livia, la novia del protagonista, es de este pequeño barrio de pescadores, y desde entonces me quedó la curiosidad por conocerlo.

Para llegar tomé un autobús urbano hasta Corso Italia, el paseo costero más famoso de la ciudad.

Desde allí caminé apenas unos minutos hasta llegar a este pequeño rincón que conserva el encanto de un pueblo junto al mar.

Boccadasse tiene un encanto muy particular, con sus casas de colores, callecitas empinadas, pequeñas escaleras y rincones desde donde asomarse al mar. Sus edificios parecen trepar por la ladera y rodean una pequeña playa de piedras que le da al barrio una atmósfera más parecida a un pueblo costero que a una zona de una gran ciudad.
A pesar de ser octubre, parecía verano y la playa estaba repleta de gente. No tanto de personas bañándose, sino de grupos de amigos conversando, tomando sol o simplemente disfrutando de la tarde. El buen clima invitaba a quedarse.

Como los bares que rodean la playa estaban llenos, terminé comprando un cucurucho de mariscos y una cerveza para almorzar frente al mar. Fue uno de esos planes sencillos que, sin haberlos organizado, terminan convirtiéndose en un lindo recuerdo del viaje.


Cuando decidí volver al centro, en lugar de tomar nuevamente el autobús, empecé a caminar por Corso Italia bordeando la costa.


Una de las cosas que me llamó la atención fue ver tanta gente disfrutando de la costa en pleno otoño. Las sombrillas, las reposeras y los bares junto al mar hacían que Corso Italia conservara esa energía veraniega.

Fueron varios kilómetros pasando por playas, bares y distintos rincones con vista al mar, pero entre el paisaje y el buen clima prácticamente no me di cuenta de la distancia.


🚂 Mi excursión a Cinque Terre desde Génova
Una de las principales razones por las que elegí Génova como base fue la posibilidad de recorrer Cinque Terre en tren. Desde las estaciones Genova Piazza Principe y Genova Brignole salen trenes regionales hacia los pueblos de la costa de Liguria, lo que permite organizar una excursión de un día sin necesidad de cambiar de alojamiento.
Para quienes quieran recorrer varias localidades en la misma jornada, existe la Cinque Terre Train Card, un pase que permite subir y bajar de los trenes regionales durante el día dentro del tramo incluido. Además, según la modalidad elegida, puede incluir otros servicios como el acceso a senderos del parque. Como las condiciones pueden cambiar, siempre es recomendable consultar la información actualizada antes de viajar.
Entre Riomaggiore y Manarola se encuentra la famosa Via dell’Amore, un sendero peatonal de aproximadamente un kilómetro que une ambos pueblos bordeando los acantilados. Los accesos se encuentran junto a las estaciones de tren, por lo que es habitual ver la señalización apenas se baja del andén.

Cuando realicé este viaje permanecía cerrada por las obras de recuperación tras un desprendimiento de rocas. Actualmente se encuentra nuevamente habilitada, aunque el acceso requiere reserva previa y se realiza en un único sentido, desde Riomaggiore hacia Manarola. La reserva puede gestionarse a través del sitio oficial del Parque Nacional de Cinque Terre, donde también se pueden consultar las distintas modalidades de la tarjeta del parque, tanto la versión Trekking como la Treno.
En mi caso, como no tenía claro cuántos pueblos iba a llegar a conocer ese día, preferí ir comprando los billetes según avanzaba el recorrido.
El mismo trayecto me hizo recordar una recomendación de mi padre: conocer Portofino, un destino que él me había mencionado como uno de los lugares más elegantes de la Riviera Italiana. Al revisar el recorrido comprobé que se encontraba muy cerca de Génova, con acceso desde la estación Santa Margherita Ligure-Portofino y la posibilidad de continuar luego en autobús o barco hasta el pueblo. Finalmente no llegué a incluirlo en este viaje, pero me pareció una muy buena alternativa para quienes decidan hacer base en Génova.
Mi idea inicial era recorrer la mayor cantidad de pueblos posible, pero, como suele pasarme cuando viajo, terminé saliendo más tarde de lo previsto. Finalmente decidí concentrarme en Riomaggiore y Manarola. Fue una primera aproximación a Cinque Terre, ideal para empezar a descubrir el encanto de esta costa italiana.
Riomaggiore
Mi primera parada fue Riomaggiore, el pueblo más oriental de Cinque Terre.
Lo primero que me llamó la atención fue la forma en que las casas de colores parecen adaptarse a la montaña, subiendo por la ladera entre calles estrechas y escaleras.


Desde distintos puntos del pueblo siempre aparece el mar, que termina siendo el gran protagonista del paisaje.


Más que una playa tradicional, Riomaggiore tiene una pequeña zona rocosa junto al agua, ideal para sentarse un rato y disfrutar de las vistas.
Aunque era octubre, la playa estaba repleta de gente en traje de baño o en short, tomando sol sobre las piedras. Algunas también se animaban a nadar y, con el calor que hacía, yo también estuve tentada de darme un chapuzón.


Al igual que en Boccadasse, a la hora del almuerzo volví a elegir un cucurucho de mariscos, o fritto misto di mare, uno de mis «street food» favoritos en Italia.

Como viajaba sola, preferí comprar algo al paso y almorzar al aire libre en lugar de sentarme en un restaurante, aprovechando ese momento para disfrutar del paisaje frente al mar.


Manarola
Después continué hasta Manarola, probablemente el pueblo más fotografiado de Cinque Terre. Desde el famoso mirador se obtiene una de las postales más conocidas de la región: las coloridas casas construidas sobre la roca y el pequeño puerto natural que desemboca en el mar.


Llegué cuando la tarde ya empezaba a dar paso al atardecer. Aun así, muchas personas seguían aprovechando el buen clima: algunas descansaban sobre las rocas en traje de baño, otras simplemente contemplaban el paisaje junto al agua. Me quedé un buen rato disfrutando de esa vista antes de volver a la estación para regresar a Génova. Fue el cierre perfecto para una excursión que, aunque breve, alcanzó para entender por qué Cinque Terre es uno de los destinos más famosos de Italia.


Después de recorrer Riomaggiore y Manarola, entendí por qué Cinque Terre despierta tanta admiración. Aunque ese día solo pude conocer dos de sus cinco pueblos, fue suficiente para quedarme con ganas de volver y seguir descubriendo este rincón de la costa italiana.
¿Vale la pena hacer base en Génova para conocer Cinque Terre?
Génova me dio la comodidad que buscaba para recorrer la costa de Liguria, pero también terminó sorprendiéndome como destino. Más allá de ser una buena base para conocer Cinque Terre, encontré una ciudad con historia, barrios llenos de vida, un agradable paseo junto al mar y varios lugares que disfruté tanto como las excursiones. Para mí, fue una combinación difícil de pedir mejor: práctica, más económica y con mucho para descubrir.
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