Ponte di Tiberio en Rimini, con el río Marecchia y el centro histórico al fondo

Qué ver en Rimini: playas, centro histórico y la ciudad de Fellini

Rimini apareció casi de casualidad en mi viaje por Italia. Había viajado desde Argentina para visitar a mi papá, que vivía en Trento, y desde allí pensaba seguir bajando hacia Puglia, aprovechando para conocer algunas ciudades en el camino.

Me llamó la atención por sus playas sobre el Adriático y por ser la ciudad natal de Federico Fellini. La verdad es que no había visto ninguna de sus películas, pero recuerdo a mi mamá hablar de ellas como grandes obras del cine. Eso también fue una pequeña motivación para conocer la ciudad.

Cartel del Tabacchi La Dolce Vita en Rimini, con una imagen de Anita Ekberg
Tabacchi “La Dolce Vita”, en Rimini, con la imagen de Anita Ekberg.

Aunque octubre ya estaba fuera de temporada, decidí visitarla igual. Siempre queda la ilusión de que el otoño europeo regale algún día de calor y, si no ocurría, tampoco estaba mal: conocería una ciudad nueva.

En este post te cuento qué ver en Rimini a partir de mi recorrido por la ciudad: sus playas, su centro histórico y algunos lugares que fui descubriendo durante el viaje.


Cómo llegar a Rimini

Rimini está muy bien conectada por tren con otras ciudades italianas, por lo que llegar en ferrocarril es una de las opciones más cómodas si estás recorriendo el país.

En mi caso, llegué en tren desde Trento, como parte de mi recorrido hacia Puglia.

Mapa de Italia con el recorrido en tren de Trento a Rimini

Al bajar en la estación de Rimini encontré enseguida la parada de taxis. Aunque era octubre, había bastante gente esperando, pero la fila avanzó rápido y en unos quince minutos pude tomar uno para llegar hasta mi hotel.

La Estación de Rimini está ubicada muy cerca del centro histórico y recibe trenes que conectan la ciudad con distintos puntos de Italia. También dispone de una parada de taxis con servicio las 24 horas. Actualmente, el servicio urbano funciona con taxímetro, con una bajada de bandera de €5,30 y una tarifa de €1,73 por kilómetro, además de los suplementos correspondientes.

Si llegás con equipaje y tu alojamiento está en la zona de Marina Centro o Marebello, el taxi puede ser una opción práctica, especialmente después de varias horas de viaje.


La parte moderna: una ciudad preparada para el verano

Departamentos en la parte moderna de Rimini -Italia
Rimini- zona costera

Lo que realmente me llamó la atención fue todo lo que había alrededor de la costa.

Rimini no tiene simplemente una playa con algunos hoteles alrededor. La ciudad desarrolló una enorme infraestructura turística vinculada al mar.

A lo largo de la zona costera se suceden hoteles, restaurantes, bares, supermercados, tiendas de ropa y negocios de todo tipo. Incluso fuera de temporada, la ciudad seguía teniendo bastante movimiento.

A pesar de que la temporada de playa ya había terminado, Rimini no parecía una ciudad que se apagara fuera del verano. Me llamó la atención ver cómo convivían los negocios que todavía vendían trajes de baño y ojotas con las vidrieras que ya mostraban ropa de la nueva temporada..

Y los hoteles también llamaban la atención. Caminando por la avenida me encontré con edificios muy diferentes entre sí: algunos se veían elegantes y modernos, aunque con una modernidad que parecía pertenecer a otra época.

Y no era una impresión tan equivocada. Gran parte de la transformación de esta zona de Rimini se produjo durante el auge del turismo de masas de las décadas de 1950 y 1960, cuando comenzaron a multiplicarse los hoteles y alojamientos alrededor de la costa.

Ese crecimiento cambió por completo el paisaje de la ciudad y explica, en buena medida, esa particular mezcla de edificios que encontré mientras caminaba: construcciones que en su momento representaron la modernidad del turismo de verano y que hoy conservan el estilo de aquella época, junto a hoteles más recientes.


Cómo son las playas de Rimini

La costa de Rimini se extiende durante unos 15 kilómetros y cuenta con alrededor de 250 establecimientos de playa. La arena es dorada y el mar tiene poca profundidad en la orilla, con una pendiente suave.

Lo que me gustó de la playa fue su enorme extensión y lo limpia que estaba. Además, el suelo bien plano permite caminar kilómetros por la orilla, algo que me recordó bastante a la costa argentina y que es, justamente, la característica que más disfruto de nuestros balnearios.

Extensa orilla plana de la playa de Rímini en otoño, mostrando una línea de algas oscuras dejadas por la marea, el mar calmo y unos pocos edificios a lo lejos bajo un cielo despejado.

Pero tengo que ser sincera: esperaba una playa más espectacular

Quizás porque ya había conocido otras playas italianas de aguas más transparentes y tonos azulados o turquesas, esperaba encontrar algo parecido en Rimini.

Esta zona es diferente. La arena es dorada, tirando a marrón, y el fondo también es arenoso, por lo que el agua no tiene ese aspecto cristalino. Además, al tratarse de una costa abierta, puede haber bastante oleaje, como dije anteriormente muy parecida a la que tenemos en nuestras playas de Argentina, quizás por eso no tuvo el efecto wow que esperaba.

Orilla de la playa de Rímini con arena dorada húmeda y pequeñas olas con espuma, mostrando un muelle largo en el horizonte y un intenso reflejo de luz solar sobre el mar calmo.

No significa que sea una mala playa. Todo lo contrario: tiene una enorme extensión, es limpia, poco profunda y cuenta con una infraestructura impresionante.

Panorámica desde la arena de la playa de Rímini mirando hacia la ciudad, mostrando grandes hoteles frente al mar sin turistas ni sombrillas.

Simplemente, no es la opción para alguien que espera encontrar una cala típica del mar adriático, con arena clara y aguas turquesas.

El factor temporada: Mi experiencia en octubre vs. el verano italiano

Hay un detalle clave que cambió por completo mi percepción del lugar: yo visité Rímini en octubre. En Italia, la temporada oficial de playa termina a mediados de septiembre. Al ir en otoño, me encontré con una playa completamente desierta, pacífica y en su estado más natural. Fue ideal para caminar kilómetros en silencio, pero toda esa «infraestructura impresionante» de la que es famosa estaba guardada.

Vista de la playa de Rímini desocupada tras el fin de la temporada de verano, mostrando la arena con huellas y un muelle solitario hacia el mar.

Si ustedes viajan en plena temporada de verano (de junio a septiembre), el panorama es radicalmente opuesto. La costa se divide en los famosos bagni (paradores privados numerados) y se convierte en un centro de entretenimiento gigante. Si van con calor, esto es lo que le da fama mundial a Rímini:

Servicios a pie de arena: Cada bagno se activa y se llena de sombrillas, reposeras, duchas y chiringuitos donde comer la típica piadina romagnola.

Deporte por todos lados: La playa se vuelve un gimnasio al aire libre. El Beach Tennis es casi una religión acá, y hay canchas de voley y fútbol gratuitas en casi todos los paradores.

Diversión en el agua: El mar se llena de tablas de paddle surf (SUP), hidropedales y hasta instalan el Rimini Boabay, un parque de inflables gigantes que flota en el agua

En resumen: Rímini no te va a dar esa postal idílica o paradisíaca del sur de Italia, pero te compensa con comodidad, espacio y una cultura de entretenimiento playero que merece la pena conocer si viajás en verano, o una paz absoluta si vas en otoño como yo.

🫓 El tip gastronómico: No te vayas sin probar la Piadina

Un detalle que no se pueden perder (y que en octubre cuesta más encontrar porque muchos puestos cierran) es la Piadina Romagnola. Es el plato bandera de la región: un pan plano y delgado a la plancha, crocante por fuera y tierno por dentro, que se sirve relleno y doblado a la mitad.

La combinación más típica es de jamón crudo, rúcula y queso Squacquerone (un queso fresco local súper cremoso). También se come en forma de Cassone, que es la misma masa cerrada como una empanada gigante antes de cocinarse.

Si quieren probar las mejores y más auténticas, les dejo tres lugares fijos para ir a la segura: Dalla Lella (una institución total), Casina del Bosco (ideal en la zona de Marina Centro) o Ciana e Monda (un local al paso, muy económico y tradicional).


La parte antigua

Después de recorrer bastante la zona costera, llegó el momento de conocer la otra cara de Rimini.

Y ahí fue donde la ciudad empezó a sorprenderme.

Porque detrás de esa enorme ciudad balnearia existe una Rimini histórica, con más de dos mil años de historia y numerosos testimonios de su pasado romano, medieval y renacentista.

Desde la zona de playa es fácil llegar al centro en colectivo, aunque yo también aproveché para seguir caminando todo lo que pude.


El Puente de Tiberio y el río Marecchia

Y el primer gran punto del recorrido fue el Puente de Tiberio.

Paseo junto al Rio Marecchia donde cruza el puente romano di Tiberio en un dia otoñal de Rimini, Italia

El paseo continúa hacia el puente romano, que cruza el río Marecchia y conecta el centro histórico con Borgo San Giuliano.

Vista panorámica del histórico Puente de Tiberio en Rímini, Italia, durante el mes de octubre. El puente de piedra con cinco arcos cruza un río donde flotan numerosas boyas blancas en forma de pirámide, bajo un cielo cubierto de densas nubes otoñales.

El paisaje alrededor me pareció especialmente fotogénico.

Fotografía tomada desde el histórico Puente de Tiberio en Rímini, Italia, durante el mes de octubre. En primer plano se ve el camino peatonal de piedra y una barandilla metálica, enmarcada a la izquierda por el tronco de un árbol. Al fondo se aprecian coloridos edificios antiguos de estilo italiano, la cúpula de una iglesia y un río tranquilo bajo un cielo cargado de nubes otoñales.

Muy cerca también aparece el Porto Canale, el canal que comunica la zona portuaria con el Adriático.

Paseo peatonal junto al río en Rímini, Italia, durante el mes de octubre. La imagen muestra un camino de adoquines húmedos que bordea el agua, un muro alto de ladrillo antiguo a la derecha con escaleras que suben hacia una plataforma, y paredes decoradas con grafitis coloridos bajo un pino y un cielo parcialmente cubierto.


Borgo San Giuliano, el antiguo barrio de pescadores

Al cruzar el Puente de Tiberio llegué a Borgo San Giuliano, el antiguo barrio de pescadores de Rímini.

Entrada al Borgo San Giuliano en Rimini, con una calle arbolada

Sus callecitas y pequeñas casas de colores son completamente diferentes de los grandes hoteles de Marina Centro.

Este lugar es famoso por el arte urbano que adorna sus fachadas, una tradición que nació a finales de los años 70 como una forma de protesta y resistencia vecinal para defender la identidad del barrio frente a los planes de demolición de la época, plasmando en las paredes escenas de la vida marinera, oficios antiguos y retratos de los propios vecinos. Más tarde, a partir de mediados de los años 90, esta costumbre sumó una nueva capa de magia al comenzar a pintar homenajes dedicados a las películas y al universo de Federico Fellini, quien sentía un cariño muy especial por este rincón de su ciudad natal.

Fachadas de casas tradicionales con murales pintados y adoquines en el histórico Borgo San Giuliano de Rímini.

Caminando entre sus rincones, la primera parada que me cautivó fue una fachada amarilla con una llamativa puerta azul en arco.

El mural que la corona retrata a un viejo pescador concentrado en sus redes frente a un mar embravecido y las antiguas estructuras de la costa. Como un detalle precioso, al lado de la entrada se conservan unas pequeñas placas de cerámica con los apodos de las familias de marineros que habitaron la vivienda.

Fachada amarilla de una casa antigua en el Borgo San Giuliano de Rímini, Italia. Destaca una puerta de madera azul brillante bajo un arco de ladrillos y ventanas con persianas celestes. En la parte superior de la entrada, un mural pintado al estilo acuarela muestra a un viejo pescador recogiendo sus redes frente a un mar picado y una estructura de palafitos costeros.

Unos pasos más adelante, el paisaje cambia para introducirnos de lleno en el imaginario del director. Aunque yo como les conté, nunca he visto una película suya, me puse a investigar un poco de qué se trataba, descubrí que ilustra La voce della luna (1989), la última película que filmó Fellini. La pintura muestra a los actores Roberto Benigni y Paolo Villaggio señalando hacia el cielo; el primero interpreta a Salvini, un tierno lunático que intentaba escuchar los secretos de la luna.

Frente de una casa amarilla en Borgo San Giuliano, Rímini, decorada con un mural del artista Agim Sulaj que rinde homenaje a la película 'La voce della luna' de Federico Fellini. En la pintura se ve a Roberto Benigni señalando al cielo. Un auto rojo está estacionado en primer plano.

La última obra maestra de Fellini, pintada en las paredes de Rímini. 🌙✨


El centro histórico de Rimini

Después de recorrer la zona costera, me fui acercando al centro histórico, donde la ciudad cambia completamente de aspecto. Ya no estaban los grandes hoteles y las avenidas pensadas para el verano, sino plazas, edificios históricos y calles más animadas.


Piazza Tre Martiri y la Rimini romana

De regreso hacia el centro histórico llegué a Piazza Tre Martiri, uno de los espacios más importantes de la antigua Rimini.

La Piazza Tre Martiri en Rimini en un dia otoñal con transeuntes  caminando por la calle

La plaza ocupa el lugar del antiguo foro romano de Ariminum y conserva varios elementos que recuerdan ese pasado.

Entre ellos está la estatua de bronce de Julio César, que fotografié durante mi recorrido.

Foto de la estatua de Julio César en la Piazza Tre Martiri- Rimini - Italia

También se encuentra allí el pequeño Tempietto di Sant’Antonio, una capilla de planta octogonal situada frente a la iglesia de San Antonio de Padua.

Mientras caminaba por la plaza, era difícil imaginar que muchos siglos antes ese mismo espacio había formado parte del foro de la antigua ciudad romana.


Arco de Augusto

Otro de los lugares que fotografié fue el Arco de Augusto, una de las grandes huellas que conserva Rimini de su pasado romano

El antiguo Arco de Augusto en Rímini, una estructura romana de piedra y ladrillo, bajo un cielo nublado y con el suelo de adoquines mojado por la lluvia.

La antigua Ariminum fue fundada en el año 268 a.C. y se convirtió en un importante punto estratégico de la Italia romana.

El Arco de Augusto formaba parte de una de las principales vías de acceso a la ciudad y todavía hoy funciona como uno de sus símbolos históricos.


Piazza Cavour

Otro de los espacios importantes del centro histórico es Piazza Cavour, una plaza amplia rodeada de edificios históricos.

Uno de los que más me llamó la atención fue el Palazzo dell’Arengo, un edificio medieval que forma parte del conjunto arquitectónico de la plaza.

También se encuentra allí el Palazzo Garampi, que actualmente alberga la sede del Ayuntamiento de Rimini.

Palazzo Garampi y Palazzo dell'Arengo en Piazza Cavour, con calle empedrada y bicicletas estacionadas

La Fontana della Pigna, una de las fuentes más conocidas de Rimini, también forma parte del paisaje de la plaza.

Fontana della Pigna en Piazza Cavour, con su característica piña en la parte superior


Luego aproveché para recorrer las calles comerciales del centro, donde pude ver una buena variedad de negocios.

Entré a una especie de bazar gigante porque necesitaba comprar un paraguas y terminé llevándome algunos souvenirs más para el viaje y para regalar. Tenía un poco de todo, de esos negocios donde uno entra buscando algo puntual y termina llevándose las cosas más insólitas.

Dónde me alojé en Rimini

Para mis dos noches en Rimini elegí el Hotel Ischia, en la zona de Marebello, a pocos minutos a pie de la playa.

La habitación individual era muy pequeña —apenas 6 m²—, pero para una estadía corta resultó confortable y tenía todo lo necesario: baño privado, aire acondicionado, TV, Wi-Fi, caja de seguridad, un pequeño escritorio y balcón.

El balcón también me resultó práctico para colgar algo de ropa que había lavado durante el viaje.

Lo que terminó de convencerme fue la ubicación, cerca del mar, y el precio: poco más de treinta euros por noche. Conseguí esa tarifa gracias a una promoción de Booking y, en ese momento, me pareció una excelente relación calidad-precio.

Uno de los aspectos que más recuerdo del hotel es la atención. Llegué hacia el anochecer y me mantuve en contacto con el recepcionista mientras buscaba cómo llegar. Él me fue indicando el camino y estuvo pendiente de que pudiera encontrar el hotel sin problemas.

Durante la estadía la atención siguió siendo muy buena. Incluso recibí un mensaje de Navidad después de haberme ido. Puede parecer un detalle pequeño, pero son justamente esas cosas las que hacen que uno guarde un buen recuerdo de un lugar.

También me gustó mucho el desayuno, que para el precio que había pagado fue otro punto a favor.

Como los precios de los alojamientos pueden variar según las fechas, la disponibilidad y las promociones de Booking, conviene comparar distintas opciones antes de reservar.

Ver alojamientos en Rimini


Mi impresión de Rimini

Después de recorrer Rimini, creo que es un destino que hay que mirar teniendo en cuenta qué tipo de viaje estamos buscando.

Su gran fortaleza está en la combinación de playa, infraestructura y comodidad. La costa es enorme y hay hoteles, restaurantes, comercios, supermercados, transporte y todo lo necesario para pasar varios días sin complicarse demasiado. Por eso puedo entender que sea un destino muy atractivo para quienes viven en Italia y buscan unas vacaciones de playa, especialmente en familia.

Para alguien que llega desde otro país, en cambio, mi impresión es diferente. Si buscamos paisajes costeros espectaculares, aguas transparentes o una playa que sea por sí misma el gran atractivo del destino, hay otros lugares de Italia que probablemente sorprendan más.

Algo parecido me sucede con el centro histórico. Me gustó recorrerlo y disfruté especialmente del Puente de Tiberio, Borgo San Giuliano y las plazas del centro, pero Italia tiene tantos pueblos y ciudades históricas extraordinarios que no diría que Rimini se destaca por su patrimonio.

Creo que justamente ahí está su particularidad: no necesita competir por tener la playa más espectacular ni el centro histórico más impresionante. Su atractivo está en otra parte: una costa larguísima, una enorme oferta hotelera y una infraestructura pensada para que al visitante no le falte prácticamente nada.

Yo llegué a Rimini buscando una parada en el camino hacia Puglia, con curiosidad por conocer la ciudad de Fellini y con la esperanza de encontrar algún día agradable de playa.

La playa no terminó siendo mi gran descubrimiento.

La ciudad, con su particular mezcla de balneario y pasado histórico, sí terminó sorprendiéndome.

¿Te gustó este post?

Suscribite para recibir las nuevas entradas en tu mail

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *