Hórreo tradicional gallego en un campo verde con ovejas pastando en la provincia de Ourense, Galicia.

Aldeas de Galicia para vivir: el recorrido buscando mis raíces en Ourense

¿Cómo es vivir en una aldea gallega? Mi experiencia en Ourense.

Durante mi viaje por Ourense tuve la oportunidad de conocer varios pueblos y aldeas de la provincia, muchos de ellos mientras seguía las pistas de mi búsqueda genealógica. Como les conté en este otro artículo, estuve recorriendo distintos registros civiles en busca del acta de nacimiento de mi bisabuelo español para mi trámite de ciudadanía española por la Ley de Memoria Democrática..

Y alguna vez —no sé si a ustedes también les pasó— estuve fantaseando con la idea de irme a vivir a uno de estos pueblos.

Al igual que en «Vientos de agua», una serie en la que el hijo argentino, después de muchos años, regresa a la aldea de Asturias donde había nacido su padre y termina comprándole la casa de piedra en la que había vivido con su familia.

En mi caso, mis raíces vienen de mucho más atrás y todavía no pude encontrar la casa donde vivieron mis bisabuelos. Pero la fantasía de descubrirla algún día, conocer ese lugar y hasta imaginarme viviendo allí sigue estando presente. ¿Quién te dice?

Este viaje me sirvió para tomar contacto, aunque fuera durante unas horas, con algunos de ellos y hacerme una idea de cómo podría ser vivir allí.

Aclaro esto porque no viví en ninguno de estos lugares. Fui, recorrí sus calles, hablé con alguna gente, esperé buses, tomé taxis y miré bastante. Después, además, investigué qué había alrededor. Así que esto es, básicamente, lo que encontré.


¿Pueblo, aldea, parroquia o concello?

Antes de empezar, hay una pequeña cuestión terminológica que me pareció interesante.
En Galicia, concello es el municipio y parroquia es una unidad territorial histórica que puede agrupar varias entidades de población.

A su vez, el nomenclátor gallego distingue entre entidades singulares, núcleos de población y población diseminada.

Un núcleo de población es, simplificando bastante, un conjunto de edificaciones que forman un asentamiento reconocible.

La aldea, en cambio, tiene un sentido más descriptivo y rural: la Enciclopedia Galega Universal la define como una entidad de población pequeña, formada por varias familias y vinculada estrechamente con el medio rural. De hecho, la considera una de las formas básicas de ocupación del espacio rural gallego.

Por eso, cuando en este artículo hablo de pueblo o aldea, no pretendo hacer una clasificación administrativa estricta. Me interesa contar qué tipo de lugares encontré y, sobre todo, qué diferencia había entre ellos.


Para contarles cómo fue la experiencia, voy a seguir más o menos el orden en que fui visitando estos lugares y los voy a agrupar en dos zonas: primero, los que conocí en los alrededores de Ourense y, después, los que visité en la zona de O Carballiño.

A medida que avancemos por el recorrido, vamos a ver cómo cambia el paisaje y cómo la sensación de ruralidad es mayor en algunos lugares que en otros.


Pueblos cercanos a Ourense

Yo estaba alojada en Ourense capital y no tenía auto, así que fui moviéndome en transporte público, taxi y tren. En mi post sobre la búsqueda de actas en los registros civiles de Ourense cuento con bastante más detalle cómo hice estos recorridos. Acá voy a concentrarme en los lugares y dejar la parte logística más resumida.


San Cibrao das Viñas

San Cibrao das Viñas está prácticamente pegado a Ourense: son unos 5 kilómetros por carretera.

Cartel del Concello y ruta junto a una casa con hórreo en San Cibrao das Viñas

Cuando llegué, la sensación fue la de estar en un lugar muy diferente de una ciudad: calles tranquilas, casas de piedra, terrenos y algunas construcciones tradicionales.

Vi la iglesia, el cementerio y, entre los pocos comercios que recuerdo, una farmacia.

Fachada principal de la Iglesia de San Miguel de Soutopenedo en San Cibrao das Viñas, Galicia, construida en bloques de piedra sillar con una puerta arqueada de estilo plateresco y una torre campanario barroca a la izquierda."
La joya del románico rural: Iglesia de San Miguel de Soutopenedo

Vista lateral de la Iglesia de San Miguel de Soutopenedo y su cementerio parroquial contiguo, mostrando tumbas, cruces de piedra en el camposanto y la arquitectura exterior del templo bajo un cielo azul con nubes

Lo curioso es que después, revisando una de las fotos que había sacado, descubrí que me encontraba en Soutopenedo, la zona de San Cibrao das Viñas donde empieza el sendero hacia el paraje de A Boutureira.

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Fachada de piedra gallea y escalinata en Soutopenedo, San Cibrao das Viñas, inicio de la ruta de senderismo a A Boutureira en Ourense.

Y ahí apareció sobre el papel otra cara de San Cibrao que yo no había ido a buscar: la promesa del río Barbadás, molinos y varias rutas de senderismo. El Ayuntamiento describe A Boutureira como un espacio natural de 184 hectáreas y tiene señalizadas distintas rutas, entre ellas una circular de 6,2 kilómetros.

 Río Barbadás junto a antiguos molinos de piedra abandonados y mesas de un área recreativa en el espacio natural de A Boutureira, San Cibrao das Viñas.
El entorno natural de A Boutureira, donde el río Barbadás convive con antiguos molinos de piedra y rincones pensados para descansar. Foto: Concello de San Cibrao das Viñas.

La riqueza natural que envuelve a la comarca se hace evidente en parajes como este. Si les gusta caminar, el Ayuntamiento de San Cibrao das Viñas cuenta con un espacio dedicado a las rutas de senderismo de A Boutureira. Allí detallan itinerarios espectaculares, como la Ruta A que recorre antiguos senderos forestales pasando por el histórico molino de agua y la pintoresca aldea tradicional de Outeiro Calvo. Sin dudas, una excelente guía oficial para agendar en el mapa si buscan combinar naturaleza, arquitectura gallega y caminatas al aire libre

Es decir, desde afuera puede parecer una pequeña localidad tradicional, pero está a pocos minutos de Ourense y tiene bastante naturaleza alrededor. Y eso me pareció interesante pensando en la posibilidad de vivir en un lugar así: podés tener la sensación de estar en una aldea sin estar realmente lejos de una ciudad.

Un punto en contra es el transporte público, que para mi gusto deja bastante que desear en frecuencia y señalización. No es fácil dar con la parada del autobús. De hecho, como les conté en el post sobre los registros civiles de Ourense, estuve un par de horas sentada esperando. Si hubiera sabido que tenía una ruta espectacular de senderismo al lado, habría aprovechado todo ese tiempo para pasear.


Sandiás

Sandiás está a unos 34 kilómetros de Ourense por carretera.

Mi paso por Sandiás fue una parada en el camino hacia Melón, donde se encontraba uno de los registros civiles que todavía no me habían respondido sobre el acta de nacimiento de mi bisabuelo. Como les conté en este otro post, no había ningún autobús directo desde Ourense a Melón, así que tuve que bajarme en Sandiás y tomar otro para continuar el viaje.

Acá no vas a encontrar la típica postal de aldea gallega con casitas de piedra antiguas ni callejones estrechos o construcciones en ruinas.

Por el contrario, este es un núcleo pequeño y tranquilo. Se despliega de forma lineal justo al lado de la ruta, mostrando una faceta mucho más moderna y activa.

Hilera de casas modernas de dos plantas con fachada de piedra junto a la carretera en Sandiás, Ourense
El contraste de las viviendas de piedra moderna alineadas junto a la ruta

Al caminarlo, me encontré con viviendas unifamiliares de doble altura que, aunque modernas, mantienen las fachadas de piedra tan características de la zona. Inmediatamente después aparecen terrenos verdes y un entorno muy natural.

Terrenos verdes y fincas con árboles frutales entre viviendas unifamiliares en el entorno rural de Sandiás
Basta dar unos pasos para descubrir los terrenos y la naturaleza que envuelven al pueblo.

El transporte público me resultó bastante más práctico que en San Cibrao das Viñas. No solo tiene mayor frecuencia, sino que las paradas son mucho más sencillas de ubicar al costado de la ruta, destacando tanto los refugios modernos como las clásicas marquesinas verdes con la inscripción del Concello.

De hecho, me sorprendió lo bien cuidados que están estos refugios por dentro, ofreciendo un espacio resguardado y perfectamente señalizado con el escudo oficial de la Xunta de Galicia.

Interior de una marquesina de autobús moderna con el logotipo oficial de la Xunta de Galicia impreso en el cristal en Sandiás
El interior del refugio, moderno

Como les decía, todo está increíblemente a mano en este pueblo lineal. Siguiendo mi costumbre de chusmear el mercado inmobiliario en cada lugar que visito, no tuve ni que ponerme a buscar: ahí mismo, a pasos de la parada y pegada a la ruta, ya me topé con una casa con el cartel de «Se vende». Ideal para empezar a fantasear con la mudanza apenas te bajás del bus.

Fachada de vivienda unifamiliar con persiana bajada y cartel de se vende en la ventana en Sandiás junto a la ruta.
Logística perfecta: bajarse del autobús y encontrarse con una propiedad disponible.

El bar del pueblo terminó teniendo bastante protagonismo en mi recorrido. Como necesitaba continuar hasta Vilar de Santos y no tenía una conexión directa, entré a preguntar y allí me ayudaron a conseguir el contacto de un taxi.
Me sorprendió la cantidad de gente que había desayunando, de todas las edades, hablando todos al mismo tiempo y cómo se preocuparon por ayudarme. El bar, que está justo al lado del supermercado, era sin dudas el alma del pueblo.

Vista panorámica a lo lejos de las fachadas contiguas del supermercado y el bar del pueblo en Sandiás
El centro comercial y social de Sandiás, visto desde la distancia mientras caminaba por la zona.

A pesar de ser una localidad tan pequeña, me pareció un lugar con muchísima vida y con todos los servicios esenciales a mano.


Vilar de Santos

A este pueblo llegué desde Sandiás, ya que no había transporte directo desde la ciudad de Ourense, donde me estaba alojando. Vilar de Santos se encuentra a unos 37 o 38 kilómetros de la capital provincial.

Al revés de lo que me había pasado en Sandiás, acá sí encontré de golpe toda esa imagen idílica que uno tiene en la cabeza cuando piensa en una auténtica aldea gallega: calles impecablemente tranquilas, hileras de casas de piedra y, a medida que te adentrás en sus zonas más internas, hermosas construcciones tradicionales con sus característicos tejados de pizarra.

Calle tranquila en Vilar de Santos, Ourense, rodeada de casas tradicionales gallegas construidas con gruesos muros de piedra y balcones de madera.
Antigua edificación de piedra con escalinata y un porche sostenido por columnas rústicas en la Rúa da Senra en Vilar de Santos.

Caminar por estas callejuelas empedradas te va regalando postales únicas en cada rincón. Los muros rústicos se levantan firmes al costado del camino, conectando las viviendas y marcando el paso del tiempo.

Vista de una calle asfaltada en Vilar de Santos flanqueada por un largo muro rústico de piedra gallega y casas tradicionales con tejados de tejas.

Calle asfaltada en Vilar de Santos  y casas tradicionales con tejados de tejas.

Incluso se nota el cuidado de los vecinos por preservar su historia. Muchas de estas construcciones han sido restauradas con mucho respeto. Se mantuvo la mampostería original pero haciendo relucir sus detalles.

Casa de piedra típica gallega con escaleras exteriores y juntas de cemento blanco, ubicada junto a una calle en cuesta bajo un cielo azul con nubes.

Como puede verse en la foto, el tendido eléctrico cruza frente a las fachadas con sus postes y cables. Más allá de la postal histórica, son casas donde hoy se vive y se trabaja a diario.

Una parada obligatoria: el Museo da Limia

Siguiendo el recorrido por el casco del pueblo, me topé con un rincón que custodia a la perfección la esencia de la comarca. En una antigua casa rectoral recuperada funciona el Museo Etnográfico da Limia. Es el sitio ideal para frenar un rato y entender de primera mano la historia de la zona, sus oficios antiguos y cómo era la vida rural gallega tradicional.

Vista de la fachada de piedra del Museo da Limia en Vilar de Santos, una edificación histórica de dos plantas con ventanas verdes, escalinatas de acceso y un cartel con la imagen de Antón Tovar junto a la carretera.

Detalles de la vida cotidiana en el pueblo

Pero Vilar de Santos no es solo un decorado histórico para fotos; está lleno de pequeñas y cálidas señales de vida cotidiana. En la plaza principal, muy cerca del Ayuntamiento, me crucé con un bar, una zona de juegos donde se divierten los niños y hasta una peluquería local.

Cerca de allí, me llamó mucho la atención ver que en una de las casas de piedra más típicas de la zona funcionaba un cartel de ABANCA, así que supongo que allí atiende el banco del pueblo. Una mezcla espectacular entre lo antiguo y lo funcional.

Curioso contraste sucursal bancaria en una casa tradicional de piedra

Al acercarme a la carretera principal, la fisonomía del lugar cambia un poco. Al costado de la ruta conviven construcciones de corte clásico con sus hermosas balconadas de madera y escalinatas…

• Vista de la carretera principal en curva a su paso por Vilar de Santos, flanqueada por veredas con plantas, chalets residenciales, árboles grandes y un cartel indicativo hacia Celanova bajo un cielo despejado.
Casa tradicional gallega de piedra con escaleras exteriores y un largo balcón de madera en la planta alta, situada junto a la ruta bajo un cielo azul con nubes

…con algunas casas de estilo mucho más moderno, tipo chalet. Estas viviendas de construcción más reciente cuentan con hermosos terrenos despejados y ofrecen una vista abierta espectacular hacia los campos y la naturaleza que rodea al municipio.

Una casa residencial moderna de piedra con tejado a dos aguas, rodeada de un gran terreno despejado, árboles y un auto gris estacionado a la derecha.

Paisaje rural abierto en Vilar de Santos que muestra campos de cultivo, árboles verdes y el horizonte de la comarca de A Limia en Ourense.

La hora del almuerzo

Mi paso por el Registro Civil terminó confirmando que la partida de nacimiento de mi bisabuelo no estaba inscrita en esta localidad. Tratando de resolver ese misterio familiar en mi cabeza, me percaté de que ya era hora de almorzar.

Mientras recorría la ruta vi el cartel del Café-Bar Restaurante «Zona Franca», que anunciaba parrillada y menú del día, así que encaré directo hacia allá.

Cartel metálico elevado que anuncia el Café Bar Restaurante Zona Franca junto a una ruta bordeada de árboles en Vilar de Santos

• Edificio comercial a pie de carretera en Vilar de Santos que alberga el Bar Restaurante Zona Franca y un estanco con el cartel oficial de Tabacos, con autos estacionados al frente bajo un cielo azul con nubes.

Como puede verse en la fachada, el lugar es un verdadero centro de servicios para el viajero. En el mismo edificio funciona un estanco y una pequeña estación de servicio local. Esto es algo súper clásico en las rutas de los pueblos gallegos.
Iba con la expectativa bien alta. Esperaba cruzarme con algún manjar típico de la gastronomía gallega. Sin embargo, creo que me jugó en contra llegar demasiado temprano para el horario local. En ese momento solo tenían disponibles bocadillos. O sándwiches, como les decimos en argentino.
Así que me tuve que conformar con eso. Pero decidí acompañarlo sí o sí con una Estrella Galicia bien helada, como corresponde.

Un sándwich o bocadillo en pan rústico servido sobre una tabla de piedra negra junto a una botella y una copa de cerveza Estrella Galicia.


Melón

Melón fue uno de los lugares que más me gustó de este recorrido. Me pareció uno de esos pueblos que conservan bastante bien la imagen que uno suele tener de una aldea tradicional gallega, combinando un misticismo histórico único con la tranquilidad del entorno rural.

Camino pavimentado junto a una zona arbolada con bancos y mesas de piedra en Melón, Ourense, con la torre de la iglesia al fondo entre las hojas.


El Monasterio de Santa María y el corazón del pueblo

Nada más llegar, lo que te vuela la cabeza es encontrarte con el imponente Monasterio de Santa María de Melón. Aunque gran parte de la estructura está en ruinas, la majestuosidad de su arquitectura te transportan de inmediato al siglo XII, cuando los monjes cistercienses se instalaron acá. Pasear por este espacio, rodeado de tanto silencio, es una experiencia mágica.

A medida que te vas acercando al edificio principal, la solemnidad del gran conjunto medieval se empieza a notar en cada rincón, regalando unas postales increíbles desde cualquier ángulo que decidas contemplarlo.

Para complementar la visita, justo en las inmediaciones del monasterio hay un cartel informativo muy completo que te explica la historia de la orden cisterciense y cómo este lugar llegó a ser uno de los centros monásticos más importantes de toda Galicia.

Cartel informativo de color blanco con mapas e ilustraciones históricas titulado O Mosteiro de Melón situado junto a una pared de piedra.

A un costado, la plaza del pueblo junto a la iglesia y los antiguos cementerios crean un rincón que llama muchísimo la atención por su solemnidad. Incluso hay un pequeño sector de plaza con juegos infantiles antiguos y anillas, rodeado de muros de piedra añejos, que convive perfectamente con el entorno histórico del pueblo.


Caminando Melón: donde el pasado de piedra se cruza con el presente

Lo que más me gustó estaba hacia uno de los lados de la avenida: calles y caminos más estrechos, casas tradicionales de piedra, hórreos, un pequeño curso de agua y un puente precioso. Es el típico paisaje gallego de piedra, agua y vegetación que parece salido de un cuento.

Camino rural pavimentado en Melón rodeado por un muro de piedra baja con vegetación densa y casas tradicionales al fondo
Calle estrecha asfaltada en el casco antiguo de Melón, Galicia, rodeada de casas rústicas construidas con grandes bloques de granito y un pequeño puente con baranda al fondo.
Pequeña construcción antigua de piedra junto a un arroyo con rocas rodeado de árboles verdes en el pueblo de Melón, Galicia.

Sin embargo, el progreso tecnológico también llegó a estas aldeas. Caminando entre las construcciones más antiguas, me llamó la atención encontrar una casa que ya fue reformada con un aspecto más moderno, equipada con un par de antenas satelitales en su fachada.
Averiguando un poco sobre la logística local, me enteré de que, aunque la fibra óptica avanza a paso firme por la provincia de Ourense, en estos rincones rurales de montaña hay algunas casas más alejadas donde instalarla puede ser más complicado y sus habitantes recurren a las antenas satelitales.

Fachada de una casa residencial de estilo moderno en el pueblo de Melón, Galicia, mostrando dos antenas parabólicas satelitales instaladas bajo un cielo despejado.

Pared de por medio, las texturas rústicas vuelven a tomar protagonismo absoluto. Unos metros más allá, otras fachadas de mampostería tradicional muestran la solidez impecable de la piedra gallega que ha resistido intacta el paso de las décadas, recordándote que más allá de la postal histórica, son aldeas donde hoy se vive y se trabaja a diario.

Primer plano de los gruesos muros de piedra granítica de una casa tradicional rústica en el casco histórico de Melón, Ourense.

Del otro lado de la avenida principal, el paisaje cambia un poco y se vuelve más residencial. Encontrás viviendas un poco más modernas pero que respetan la estética del lugar, algunas con grandes ventanales y otras con el clásico aspecto de chalet de granito gallego. Un detalle arquitectónico hermoso que vi en esta zona fueron las típicas casas con galerías blancas de madera y cristal, una de las marcas de identidad más lindas de la arquitectura urbana en Galicia.

Fachada lateral de un edificio antiguo de piedra en Melón con grandes galerías tradicionales de madera blanca y cristales en el piso superior.

En esta misma avenida también se encuentran algunos servicios básicos esenciales como el Bar Nelo donde me tomé un cafecito.

Bar de pueblo gallego con mesas en la vereda en Melon- Ourense

También había una farmacia local. Me encantó que hasta el edificio de la farmacia estuviera construido con esa piedra granítica tan prolija, con su cartel luminoso en forma de cruz verde sobresaliendo en la calle. Te da la pauta de que no es una localidad completamente aislada, aunque la sensación de ruralidad y desconexión sea bastante mayor que en Sandiás.

Calle pavimentada en el pueblo de Melón con un cartel luminoso verde de farmacia montado sobre una estructura metálica junto a un muro de piedra.

Edificio residencial y comercial construido en granito claro donde funciona la farmacia local de Melón, Galicia, con plantas verdes en el frente.

¿Un hórreo con cartel de «Se Vende»?

Mientras recorría las callecitas de la zona vieja, me crucé con una postal idílica que parecía salida de otra época. En un terreno cerrado con alambrado, se alzaba un hórreo de madera típico, con algunas ovejas pastando tranquilamente a la sombra de los árboles.

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	• Vista amplia de un terreno rural en venta en Melón, Galicia, rodeado por un muro bajo de piedra y alambrado, con un hórreo tradicional de madera en el centro bajo un cielo azul despejado.

Lo que más me despertó la curiosidad fue ver un cartel de «Se Vende» colgado directamente en la puerta de madera. Inmediatamente me quedé pensando en cuánto costaría una propiedad con semejante entorno y con un hórreo propio en una aldea de este tipo. Llegué a anotar el teléfono que figuraba en el cartel con la idea de averiguar el precio, pero finalmente no llamé y me quedé con la duda.

Primer plano de un hórreo rústico de madera con un cartel de se vende en la puerta, mostrando ovejas pastando en un campo seco al fondo bajo los árboles.

Una ruta medieval que descubrí por sorpresa

Caminando cerca del monasterio me topé con un cartel de madera. Indicaba la Ruta Histórica «Entre Abadías». Se trata de un sendero de 21 kilómetros con más de 800 años de historia. Conecta el monasterio de Melón con el Santuario de la Virgen de A Franqueira, en Pontevedra.

• Cartel alargado de color blanco con bordes granates que indica la dirección de la Ruta Histórica Entre Abadías en el Concello de Melón, Galicia, montado sobre un muro tradicional de grandes piedras rústicas.

Curiosamente, la señalización del camino cambia según el sentido que elijas. Si salís de Melón vas siguiendo la figura de un monje negro. En cambio, si venís en la dirección inversa, seguís a un monje blanco. Es una joya histórica y paisajística ideal para agendar si les gusta el senderismo.

Como les conté en mi post sobre mi viaje de búsqueda genealógica por Galicia, mi paso por estos pueblos tenía un objetivo hiper específico. Al centrar toda mi planificación previa en las visitas a los registros civiles y los trámites familiares, admito que dejé un poco de lado el plano turístico de la zona. No encaré la caminata por esa razón. Con el «diario del lunes» sé que lo hubiese organizado diferente para aprovechar mejor el entorno, pero en ese momento mi cabeza estaba completamente enfocada en otra cosa.


Fiestas y vida de pueblo

Caminando por los callejones de piedra me crucé con una de las cosas que más amo de recorrer Galicia en verano: los carteles de las fiestas de los pueblos. Encontré el anuncio de las Festas na honra a San Bartolomeu en Vilaverde, con sus noches de verbena, grupos musicales, juegos populares y la infaltable comida popular. Esto te demuestra que, más allá de la historia medieval, estos pueblos siguen teniendo una vida comunitaria tremenda.

Cartel publicitario colorido de las fiestas na honra a San Bartolomeu en Vilaverde, Ayuntamiento de Melón, anunciando verbenas y comida popular.


Las famosas Pozas de Melón: un paraíso pendiente

Otro de los grandes atractivos que me quedó en el tintero fueron las famosas Pozas de Melón. Son unas piscinas naturales espectaculares esculpidas por el río Cerves. El acceso principal en el área recreativa de A Freixa está cerca. Queda a poco más de 1 kilómetro del centro del pueblo

Cascada de agua cristalina cayendo sobre una gran piscina o poza natural de color turquesa rodeada de grandes rocas graníticas y densa vegetación forestal verde en Melón, Galicia.
Las espectaculares Pozas de Melón en el río Cerves. (Foto extraída de Paxinas Galegas).

El desafío del acceso a pie

Sin embargo, el mapa me indicaba que debía subir por una ruta bastante empinada. Además, ese tramo no tenía vereda peatonal. Al moverme a pie, la falta de seguridad en ese tramo de carretera nacional terminó por acobardarme.

Si están planeando su itinerario por la zona, les súper recomiendo consultar la ficha completa de este paraje en la web de Paxinas Galegas para ver los accesos. Para estos casos, una excelente opción es comparar precios y reservar un vehículo a través de un buscador confiable como Discover Cars.

En mi caso, como organicé esa etapa del viaje para moverme exclusivamente en transporte público de pueblo en pueblo, no me quedó otra opción que desistir de la subida a pie. Elegí quedarme disfrutando tranquilamente de la seguridad de las hermosas callecitas de piedra del casco urbano. Las cascadas y sus aguas cristalinas se sumaron de inmediato a mi lista de pendientes para cuando regrese con ruedas propias.


Paradela: la Paradela equivocada

Paradela fue un caso bastante particular en mi viaje por Ourense: llegué a ella por puro error.

Revisando minuciosamente los libros del Archivo Diocesano de Ourense, descubrí que el pueblo natal de mi bisabuelo se llamaba Paradela. Sin embargo, hay un detalle con la geografía gallega: la toponimia se repite tanto que existen varias localidades con ese mismo nombre. Con el mapa en la mano y la esperanza de encontrar algún familiar de mi bisabuelo, decidí visitar la Paradela más cercana a la capital. Estaba convencida de que era el lugar correcto y que, quizás, allí podría encontrar alguna pista sobre mi familia. El taxista me dejó en la ruta de acceso. Al bajar, me señaló el camino hacia arriba y me explicó que, siguiendo esa vía, encontraría el bar del pueblo y los núcleos más importantes.

Ruta de entrada a la aldea de Paradela en Ourense con una casa amarilla al fondo y autos estacionados.
El punto exacto donde me dejó el taxi y donde empezó mi caminata a la aventura.

El lugar me gustó desde el primer momento. El paisaje era una mezcla de casas tradicionales gallegas y construcciones más modernas, todo enmarcado por el verde intenso y las colinas características de la provincia. Al alejarme de la carretera principal, el asfalto cedió el paso a calles que se internaban en zonas donde prácticamente solo convivían las viviendas y la naturaleza en su estado más puro.

Vista panorámica de la aldea de Paradela en Ourense con colinas verdes y entorno rural.
El verde y la tranquilidad de Paradela, una aldea que me conquistó por error
Paisaje rural de Galicia con densa vegetación verde y colinas bajo un cielo cubierto.
Naturaleza pura a la vuelta de cada esquina; la desconexión aquí es total

Algo que me llamó poderosamente la atención —y que rompió con el mito del interior deshabitado— es que Paradela no se sentía para nada como un pueblo fantasma. Lejos de estar desierto, la gran mayoría de las casas estaban habitadas y cuidadas. Se nota que, poco a poco, la vida en estas aldeas de Ourense se está reactivando de la mano de gente que elige la tranquilidad rural.

Calle asfaltada a en la aldea de Paradela rodeada de casas tradicionales y un auto azul
Contrario a lo que muchos imaginan, las aldeas gallegas guardan mucha vida y movimiento cotidiano.

Por supuesto, ver a una persona ajena al pueblo caminando con cámara en mano y paso curioso no pasa desapercibido. En un momento, mientras recorría un sector rodeado de árboles, un perro guardián empezó a ladrarme sin cesar desde detrás de una reja. Los ladridos alertaron a uno de los propietarios, quien salió para ver qué pasaba.

Portón negro de una casa en Paradela cubierto por árboles frutales y un perro blanco y negro asomándose.
El rincón donde los ladridos de un guardián peludo me abrieron la puerta a charlar con los vecinos.

Aproveché el encuentro para preguntarle si le sonaba la familia Cortizo, el apellido de mi bisabuelo. Lamentablemente no sabía nada de ellos, pero me explicó la razón: se había mudado a la aldea hacía relativamente poco tiempo, un detalle más que confirma cómo estos pueblos reciben caras nuevas.

Siguiendo el trayecto entre los callejones internos, me topé con un típico un hórreo tradicional gallego perfectamente conservado sobre pilares de piedra.

En esa parte baja donde me encontraba no vi ningún tipo de comercio o servicio, solo casas con sus calles tipicas de aldea, la mayoria asfaltadas.

Según me contaron los vecinos un poco más adelante, más arriba la actividad de la zona se concentraba alrededor de un bar, una iglesia, el cementerio de la aldea y la parada de autobús. Aunque no llegué a subir a pie hasta allí, el entorno rural unificaba todo el paisaje.

Durante mi recorrido por las estructuras más antiguas, vi algo que siempre me despierta fantasías de mudanza: una casa de piedra tradicional en venta.

Es imposible ver esas fachadas rústicas y no ponerse a imaginar cómo sería la vida cotidiana en un rincón así. No llegué a averiguar el precio en ese momento, pero me quedé con la gran intriga de cuánto costarán. Investigando un poco después, descubrí en Idealista que los precios de las viviendas en la provincia de Ourense varían considerablemente según su estado. Entre los anuncios se pueden encontrar antiguas casas de piedra para reformar desde los 4.000 € o 15.000 €, mientras que otras propiedades restauradas o habitables pueden rondar entre los 30.000 € y los 90.000 €. Al final, todo depende de la ubicación, el estado de la vivienda y de cuántas ganas de hacer obras tengas.

Vivienda de aldea tipica de piedra con balcón  Paradela- Ourense- Galicia

Después del primer encuentro, me crucé con otro hombre que, aunque tampoco recordaba el apellido Cortizo, hizo memoria y me habló de otra familia de la aldea que había emigrado a Argentina. Poco después se sumó una mujer que me sugirió probar suerte en el bar de arriba.

Como el bar estaba cerrado y vio que me había quedado a pie, se ofreció a llevarme en su auto hasta la parada del autobús para que no tuviera que gastar en otro taxi. No conforme con eso, una vez allí llamó por teléfono a una amiga que vivía cerca para indagar si le sonaba mi apellido. Tampoco hubo suerte, pero a cambio terminé escuchando parte de su historia familiar, y su generosidad fue tal que incluso me invitó a visitarla si alguna vez regresaba.

Me pareció hermoso que, sin conocerme de nada, tuviera esa calidez conmigo; por un momento me sentí súper contenida, como si estuviera charlando con una conocida de siempre.

Calle de cemento en Paradela con un poste de luz de madera que conduce hacia la zona del cementerio y la parada de autobús.

Al final del día, me llevé una buena impresión de Paradela. Me gustó que fuera una aldea tranquila, rodeada de naturaleza y con casas habitadas, pero que al mismo tiempo estuviera tan cerca de la ciudad. Es una combinación interesante para quienes buscan vivir en un entorno rural sin alejarse demasiado de los servicios de Ourense.


Aldeas cercanas a O Carballiño

Para visitar los pequeños pueblos de la zona mientras me alojaba en la capital de Ourense, mi logística combinó dos transportes. Primero me tomé el tren desde la estación de Ourense hasta la terminal de O Carballiño. Es un viaje directo y rapidísimo de una sola estación que toma apenas unos 25 o 30 minutos.

Fachada de piedra de la estación de tren de O Carballiño con su reloj clásico en la parte superior y el cartel oficial de Adif.

Debo confesar que el viaje en el tren interurbano fue un placer y me sorprendió muy gratamente su excelente estado de mantenimiento. Cuenta con cómodas mesitas plegables individuales en los asientos y, a diferencia de lo que estamos acostumbrados en Argentina, aquí está permitido consumir bebidas alcohólicas a bordo sin ningún problema. Un viaje ideal para relajarse con una cerveza bien fría mientras el paisaje gallego pasa por la ventana.

na lata de cerveza Mahou apoyada sobre la mesa plegable de plástico blanco de un asiento azul impecable dentro del tren interurbano español.

Una vez que llegué a O Carballiño, tocaba resolver el tramo final hacia las aldeas. Un dato fundamental si planeás un viaje de este estilo: en la provincia de Ourense, en general, no existen las paradas de taxi físicas en la calle (salvo en la estación intermodal de la capital, y aun así no tienen tanta frecuencia).
En O Carballiño no vas a encontrar autos esperando en la puerta. Lo que tuve que hacer fue buscar en Google números de teléfono de taxistas locales de la zona. Por suerte, llamé a uno de los contactos que encontré y el chofer acudió enseguida. Agendate esto porque resolver la logística mediante llamada telefónica es clave para moverte por la Galicia profunda si no manejás.


Banga: El origen de mi historia familiar

Esta pequeña parroquia, situada a unos pocos kilómetros del centro del ayuntamiento, fue uno de los puntos más significativos de mi ruta genealógica. Allí había nacido mi tatarabuela y, según los documentos que había encontrado, también era el lugar donde se había casado con mi tatarabuelo.

Al llegar, el núcleo principal de la aldea me recibió con calles completamente asfaltadas y un paisaje ondulado donde convivía una prolija mezcla de casas tradicionales gallegas y chalets más modernos. Sin embargo, lo primero que me llamó la atención al caminar por el centrito fue el silencio absoluto de sus calles: no había farmacias, peluquerías, supermercados ni un solo bar a la vista. Es un entorno residencial pacífico, rodeado de naturaleza pura, casas dispersas y poco más.

Lamentablemente no saqué fotos de las casas ni de las calles asfaltadas de ese núcleo central, ya que mi atención se desvió rápidamente hacia las afueras. Dejando atrás el pavimento del centrito, el camino empezó a volverse de tierra a medida que comenzaba a subir hacia la zona del templo parroquial, adentrándose en un entorno natural que parecía detener el tiempo.

 Camino vecinal ascendente en la aldea de Banga, O Carballiño, rodeado de vegetación y muros tradicionales de piedra con una valla metálica.

A medida que avanzaba, el sendero se volvía todavía más rústico y agreste, devorado por la vegetación gallega.

Sendero sombreado por frondosos árboles verdes y delimitado por un muro antiguo cubierto de musgo camino a la iglesia de Banga.


Pasos con historia hacia la Iglesia de Santa Baia

Siguiendo este sendero rural custodiado por muros de piedra, me encontré con un antiguo cruceiro de piedra tallada antes de alcanzar la parte más alta.

Antiguo cruceiro de piedra tallada sobre un pedestal en un claro rodeado de árboles y naturaleza en O Carballiño, Galicia

Finalmente, en lo alto, apareció la Iglesia de Santa Baia de Banga. Este templo barroco no solo es el elemento arquitectónico más imponente de la parroquia, sino que para mí tenía un valor sentimental enorme: era el lugar exacto donde mis tatarabuelos se habían casado. Me emocionó muchísimo estar ahí, tantos años después, parada en el punto de partida donde comenzó mi historia.

• Vista panorámica exterior de la Iglesia de Santa Baia de Banga bajo un cielo despejado, mostrando su estructura barroca de piedra, el campanario elevado y el muro perimetral con una reja de entrada sobre un camino de tierra.


En busca de pistas familiares en el cementerio

Con una misión bastante concreta en mente, me dispuse a buscar alguna pista familiar. Llegué hasta el acceso principal, pero la puerta de la reja metálica exterior que daba al recinto estaba cerrada.

Vista exterior de la Iglesia de Santa Baia de Banga en O Carballiño, mostrando sus muros de sillería de piedra, el recinto amurallado y el acceso de reja metálica.

Lejos de darme por vencida, decidí rodear el perímetro. Con un poco de maña y mucha determinación, terminé saltando el muro de piedra añejo para poder entrar al recinto e investigar las tumbas de cerca. Desde arriba del muro, justo antes de bajar, capturé esta perspectiva de la fachada del templo.

Vista exterior de la Iglesia de Santa Baia de Banga en O Carballiño, mostrando sus muros de sillería de piedra, el recinto amurallado y el acceso de reja metálica cerrado.

Una vez adentro, me acerqué al cementerio parroquial y recorrí las lápidas con atención, pero lamentablemente no encontré ningún apellido conocido.

Vista de perfil de la Iglesia de Santa Baia de Banga en O Carballiño, destacando su torre campanario de piedra y los nichos del cementerio al fondo bajo un cielo despejado

Tenía la enorme ilusión de poder consultar los libros parroquiales, pero la iglesia estaba cerrada por dentro. Golpeé las puertas de la iglesia, pero no apareció nadie. Es totalmente lógico: más tarde me enteré de que en estas aldeas tan chicas el párroco va solo cada tanto para celebrar los oficios.

Vista frontal de la fachada barroca de la iglesia de Santa Baia de Banga con su hornacina, detalles en piedra y campanario elevado.


El encanto y la soledad en el corazón rural de Galicia.

Visitar Banga te desconecta por completo. El paisaje se funde de manera increíble entre la piedra de las construcciones y el verde intenso de los montes gallegos, regalando postales únicas desde cualquier rincón.

 Terreno rural con vegetación baja, maleza y árboles junto a los muros de piedra del cementerio de Banga con vistas hacia las colinas de O Carballiño.

Sin embargo, esa misma paz y homogeneidad del paisaje rural te pueden jugar una mala pasada. Cuando quise emprender la vuelta hacia el punto de encuentro acordado con el taxi, descubrí lo fácil que es perderse por los caminos del interior gallego: todas las callecitas me resultaban idénticas y no lograba ubicarme.

Por suerte, tras caminar un rato sorteando la soledad del pueblo, terminé saliendo a una pequeña plaza con otro cruceiro. Fue mi salvación. Llamé inmediatamente al taxista, le expliqué que estaba al lado de ese cruceiro y, por suerte pudo ubicarlo para venir a buscarme, ya que esa zona no cuenta con transporte público.


Santiago de Corneda: La vida en los rincones más aislados de Ourense

Desde Banga continué el viaje con el mismo taxista que me había rescatado en la plaza. Nos dirigimos hacia Santiago de Corneda, una pequeña parroquia perteneciente al municipio vecino de O Irixo, situada a unos 5 o 6 kilómetros del centro de O Carballiño. Este era otro de los puntos clave en mi mapa, ya que según los documentos que había recolectado, mi tatarabuelo era natural de Corneda. Mi hipótesis era que, quizás, después de casarse en Banga, la pareja se había trasladado a vivir a estas tierras.

Si el centro de Banga me había parecido silencioso, Corneda llevó la experiencia rural a otro nivel. El paisaje estaba dominado por caminos de tierra, un verde infinitamente tupido y poquísimas casas rústicas dispersas. De hecho, al principio ni siquiera me di cuenta de que habíamos llegado a destino; pensé que todavía seguíamos viajando por la carretera abierta.

• Camino vecinal de tierra sombreado por frondosos árboles verdes y delimitado por un muro antiguo cubierto de musgo en el entorno rural de O Irixo.

La iglesia parroquial era, literalmente, el único punto de referencia visible en medio de tanta naturaleza.

• Vista contrapicada de los muros de granito y la ornamentada torre del campanario de piedra de la iglesia de Santiago de Corneda bajo un cielo claro.

Al momento de bajarme del auto frente al templo, el taxista —que se había quedado un poco preocupado y temía que me volviera a perder como me había pasado en Banga— se ofreció a bajarse conmigo y acompañarme en la recorrida. No le puse absolutamente ninguna resistencia; al contrario, me dio un alivio enorme porque me había quedado un pequeño trauma tras mi desorientación anterior.

Muy cerca de la iglesia observamos una construcción que destacaba del resto: era una casa bastante más elegante y grande, tipo chalet. Comparada con las casitas rústicas y dispersas de la aldea, parecía una edificación importante. Lo más curioso y extraño era que había muchísimos autos estacionados alrededor, algo totalmente inusual para una locación tan desierta. Además, se veía entrar y salir gente constantemente, lo que me dio la fuerte impresión de ser una casa de sepelios local en plena actividad. Ese contexto sumaba una atmósfera todavía más solemne al lugar.

Muro exterior de sillería de piedra de la iglesia de Santiago de Corneda con una puerta de madera oscura, una pequeña ventana superior y sepulturas de granito en la base

Aprovechando que estábamos allí, fuimos directo al cementerio parroquial. Fue una escena sumamente graciosa e insólita: ahí estábamos los dos, el taxista y yo, recorriendo juntos las lápidas antiguas y buscando con atención los apellidos de mi familia. Era una situación muy bizarra para dos personas que se acababan de conocer hacía apenas una hora, pero su buena predisposición fue increíble.

• Frontón triangular de piedra tallada sobre la puerta principal de la iglesia de Corneda, con un relieve de Santiago Apóstol en una hornacina central.

•  Cruces de piedra antiguas cubiertas de musgo y panteones familiares en el cementerio parroquial de Santiago de Corneda, rodeado de un espeso bosque de fondo.

Lamentablemente, en las lápidas tampoco encontramos ningún rastro ni apellido conocido que me ayudara a conectar con mis ancestros. A pesar de eso, la visita valió muchísimo la pena: me sirvió para experimentar en carne propia esa desconexión tan marcada y la sensación real de vivir aislada en el medio del campo.

O Carballiño: cuando volvés a la civilización

El salto de la aldea a una pequeña ciudad

O Carballiño es otra historia. Y acá hago una aclaración importante. Durante el viaje yo lo metía mentalmente en la categoría de “pueblo”. Pero en realidad estamos hablando de una vila. Es decir, una pequeña ciudad con servicios a otra escala.

Dejar atrás el aislamiento de Banga y Santiago de Corneda marcó el cierre de esta etapa de mi ruta genealógica. Para volver a la capital de Ourense —que se encuentra a unos 25 kilómetros de distancia— tenía que tomar el tren de regreso. El mismo taxista de confianza que me había acompañado en el recorrido por las aldeas me llevó hasta la estación.

Detalle de la planta superior de piedra de la estación de tren de O Carballiño, con un balcón de hierro, el cartel verde oficial de Adif y un gran reloj antiguo en la parte superior.

Como todavía tenía algo de tiempo antes de la salida de mi tren, el taxista me hizo una excelente recomendación local. Me sugirió conocer el Templo de la Vera Cruz y me dejó allí mismo, muy cerca de la estación ferroviaria.

Templo de la Vera Cruz de O Carballiño diseñado por Antonio Palacios, mostrando su imponente torre calada y jardines laterales bajo un cielo despejado.

Una joya arquitectónica del siglo XX

La iglesia me encantó por completo. Es una construcción majestuosa del siglo XX diseñada por el célebre arquitecto Antonio Palacios. Sin dudas, fue uno de los edificios que más me llamó la atención de todo mi recorrido por la provincia. La gasté de tanto sacarle fotos, tanto por fuera como por dentro. Su imponente estructura de piedra domina todo el paisaje urbano

• Impresionante fachada exterior de piedra del Templo de la Vera Cruz en O Carballiño, destacando su gran rosetón y la torre lateral derecha.

•  Vista del altar interior del Templo de la Vera Cruz, con sus característicos arcos de piedra superpuestos y vitrales coloridos en la parte superior.

• Primer plano de los ábsides de piedra y galerías porticadas exteriores del Templo de la Vera Cruz en O Carballiño.

El gran contraste urbano y comercial

Después de deslumbrarme con el templo, aproveché para caminar un poco por el centro de la vila. Ahí el cambio con las aldeas anteriores era más que evidente. Me encontré con calles perfectamente asfaltadas, comercios activos, locales de todo tipo y una arquitectura marcadamente moderna. Los bloques de edificios departamentales y la actividad diaria me borraron esa atmósfera de aldea para darme una sensación de ciudad

Incluso la zona de la estación me sorprendió por sus comodidades. Al lado del predio ferroviario hay un supermercado Mercadona gigante. Definitivamente, O Carbaliño tiene mucho más movimiento y una estructura comercial más desarrollada.

• Amplia playón asfaltado frente a la estación de O Carballiño con camiones de feria estacionados y el edificio del supermercado Mercadona de fondo bajo un cielo despejado.

Este crecimiento residencial y comercial se hace notar a cada paso, combinando el desarrollo edilicio moderno con los sellos de identidad del propio municipio


Parque del Arenteiro y el Muíño das Lousas, la excusa para volver.

Tenía muchas ganas de conocer el Parque del Arenteiro y el Muíño das Lousas . Además, quería averiguar bien sobre los lugares donde se pueden tomar los famosos baños termales de la zona. Le pregunté al taxista por el parque y me dijo que quedaba lejos, así que finalmente decidí no ir para no perder el tren.

Pasarela de madera y pequeño mirador techado integrados en la naturaleza del Parque del Arenteiro en O Carballiño.
Un rincón del Parque do Arenteiro. (Foto: Wikimedia Commons)

Con el diario del lunes, quizá aquello de “queda lejos” era bastante relativo. El Parque Etnográfico do Arenteiro está mucho más cerca del centro de lo que me imaginaba en ese momento. Allí se encuentra, entre otros atractivos, el Muíño das Lousas, un antiguo molino junto al río y sus cascadas que hoy funciona como restaurante. Además, O Carballiño tiene una enorme tradición termal, con complejos fantásticos para relajarse en aguas medicinales.

Como ya no me quedaban más días en Ourense, ya que al día siguiente debía regresar a Madrid para tomar mi avión de vuelta, quedó pendiente para la próxima vez.

Río Arenteiro fluyendo entre grandes rocas y vegetación densa en Galicia.
El río Arenteiro. (Foto: Wikimedia Commons)


¿Viviría en una aldea gallega?

Después de recorrer todos estos lugares, creo que la respuesta es: depende de la aldea.

Hay lugares que parecen completamente rurales, pero están a pocos minutos de una ciudad como Ourense. Otros están algo más alejados, aunque todavía cuentan con un bar, una farmacia o algún comercio. Y después están las aldeas donde realmente sentís que estás en el corazón del campo.

(Aclaración: en este viaje también tuve la oportunidad de conocer Ribadavia, pero tiene tanta historia, encanto y detalles que definitivamente se merece un post aparte en el blog).

Algo que me llamó la atención durante el recorrido es que, incluso en lugares muy pequeños, encontré calles asfaltadas y un entorno muy cuidado. La conexión a internet también es posible; aunque en las casas más alejadas puede resultar más complicado instalar fibra óptica, siempre está la opción de internet satelital.

En todas las aldeas y pueblos que visité había tendido eléctrico, hoy ya se da por sentado como servicio básico, (aunque si estás pensando en mudarte a zonas más aisladas puede que no tengan, es un factor a considerar).


Y si te gusta la naturaleza, estos rincones tienen una riqueza increíble para ofrecer. El entorno natural es una locura: paisajes verdes, caminos para hacer senderismo al lado del río, cascadas escondidas y antiguos molinos de piedra. Todo eso conviviendo con iglesias románicas y monasterios medievales que te hacen sentir en un cuento. Son lugares perfectos para descansar, lejos del ruido y del ritmo de las ciudades.

Pero hay algo que me contó Pablo, el archivista del Archivo Diocesano de Ourense, que me hizo pensar en una cuestión clave: el invierno gallego. Me explicó que muchas personas que viven en Ourense vuelven en verano a sus pueblos natales del interior de la provincia, donde tienen sus casas familiares. Sin embargo, cuando llega el frío, la historia cambia y muchos prefieren quedarse en la ciudad.

Si me lo pregunto a mí misma, creo que podría imaginarme viviendo en una aldea gallega, siempre que estuviera relativamente bien conectada y tuviera vehículo propio. El invierno… bueno, eso todavía está en evaluación. 😂
Así que la pregunta es para vos: ¿sos team verano o team invierno? Porque, si sos de los que disfrutan del frío, quizás mudarse a una aldea gallega no te parezca una idea tan descabellada. ¡Yo todavía lo tengo que pensar! 😉

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